martes, agosto 05, 2014

El otro playlist de Arcade Fire

Arcade Fire sorprendió por su error geográfico cuando en Kansas City interpretó una canción de Kansas. Pero fuera de ese sobresalto, el que Arcade Fire incluya piezas alusivas a las ciudades o estados en los que tocaba (o artistas del lugar) fue un elemento muy bien recibido en los conciertos de su maratónico tour. En México, Chile y España, incluso hicieron un número con éxito al ritmo de Mikel Erentxun. Con todas esas canciones y las que vienen se podría crear otro playlist de Arcade Fire, aunque quizá la calidad es dispareja.



















martes, julio 29, 2014

Fading Gigolo

Eran alrededor de las cuatro de la mañana el domingo pasado y me encontraba de guardia en la redacción, prestando atención a un choque en la autopista México-Puebla y las fallidas negociaciones para un cese al fuego temporal entre Israel y Hamas. Fuera de eso, un turno tranquilo, muy tranquilo. Entonces se me ocurrió buscar una película para ir a ver por la tarde, luego de unas cuatro horas de sueño.Me llamó la atención Fading Gigolo y me animé a comprarme un par de boletos.



Lo primero que agradecí de la película de John Turturro vino a romper el ritmo, por lo menos el mio, pero sentí que también de otras producciones de cine o televisión. Con una acentuada atmósfera neoyorkina y con la lupa en un barrio judío de Brooklyn, se desarrolla la historia del male-prostitute regentado por un Woody Allen que parece actuar de un Woody Allen alejado de reflectores y escándalos.

Se trata de una comedia aparentemente ligera que se junta con preocupaciones actuales y válidas.

domingo, julio 27, 2014

Los Broncos pierden a Pat Bowlen

Pat Bowlen corrió desde la banda que correspondía a sus Broncos de Denver sobre la línea de la yarda 50 y justo en medio del campo se encontró con el dueño de los Halcones de Atlanta, Arthur Blank con quien intercambió saludos y seguramente buenos deseos. El pequeño acto parecía lo de menos entre los protocolos de un esperado duelo de Lunes por la Noche en la primera temporada de Peyton Manning con los Broncos.


Tenía un buen lugar en el Georgia Dome y me fijé bien en Bowlen, lo que me llevó a recapacitar sobre los muchos años que ya tenía al frente del equipo, luego de que se lo comprase a Edgar Kaiser Jr, en una operación entre magnates canadienses. El tiempo no pasaba en vano y creí que la llegada de John Elway a la dirección de personal y la contratación de Manning mostraban su deseo por ganar rápido y no esperar un largo proceso de reconstrucción.


Pensé que si bien ese podría ser un motor en sus acciones, realmente Bowlen había tomado decisiones para que los Broncos estuvieran en el candelero todo el tiempo. Me sentí contento por ello porque prácticamente todas las temporadas, el equipo que apoyo desde niño ha peleado por ganar, nada de largos años en el limbo y glorias pasajeras. Se trata de una franquicia muy consistente.


Saco todo esto a colación porque durante la semana pasada, Pat Bowlen anunció que cedía todas sus funciones a Joe Ellis, en la parte del equipo, y a quien esté a la cabeza del Pat Bowlen Trust, por lo que hace al fondo que controla a los Broncos de Denver y que podría conducir a que alguno de sus hijos se convierta en el próximo dueño o bien a su venta.


Bowlen se aleja porque padece el terrible mal de Alzheimer.


John Elway casi llora al decir que las cosas no volverán a ser igual en los Broncos de Denver.


Durante los 30 años como propietario del equipo Mr B ganó 300 partidos de temporada regular, es decir un promedio de 10 victorias por año, algo que nadie ha hecho en ese espacio de tiempo. Los Broncos ganaron en esos años seis veces el campeonato de la Conferencia Americana, dos veces el Súper Tazón y, por contra, solo padecieron cinco temporadas con marca perdedora.


Sus errores: Josh McDaniels, Wade Phillips y sus abrigos de piel que levantaban ámpula, pero tan rápido como se dio cuenta de las fallas, las corrigió.


Joe Ellis dijo que todo el personal de los Broncos de Denver tiene el compromiso de continuar con el alto estándar que les puso Bowlen y que tratarán de cumplir con el ánimo de que siempre se trabaja para ganar.

Suponiendo que así sea y ojalá se mantenga la tradición, de todas formas, como dijo John Elway, nada sera igual.

jueves, julio 24, 2014

Festival Pitchfork - Día 3

Un tipo corrió con potencia y mostró gran pericia para subir una cerca en dos pasos, pisar el techo de uno de los baños portátiles colocados en el Union Park para el Pitchfork Fest y colarse al evento. De inmediato, un tipo de seguridad tuvo que colocarse junto con quienes hacíamos fila para entrar y jalar a quienes querían repetir la faena. Era un juego del gato y el ratón, estaban frente a frente y si alguien se movía todos corrían. Algunos fueron bajados de la reja con certeros jalones, otros cruzaron, pero eran sacados por la puerta principal. A uno lo persiguieron en su tercer intento y cuando lo alcanzaron, arrojó su mochila como si fuera balón de futbol americano a otro tipo para que no se la decomisaran.


Mientras ello ocurría yo pensaba que pronto el Pitchfork Fest debería modernizarse y tener accesos con sensores tipo Lollapalooza que agilicen la entrada del público y más gente revisando mochilas. Al igual que el sábado, el tipo de metro y medio estaba ahí fisgoneando sin encontrar nada, todo para que en el concierto mucha gente tuviera su droga y su parafernalia.


Como vi a Deafheaven y Perfect Pussy en un after el viernes anterior en el Bottom Lounge, aproveché para llegar un poco más tarde y guardar energía para un día que parecía un poco más caluroso que los anteriores, además estaba ya el desgaste de tres días de caminar y caminar en Chicago.


Cuando llegué estaba Earl Sweatshirt, otra arista del Odd Future de Tyler the Creator y Frank Ocean, de hecho su DJ preparó su entrada al escenario con tonadas de sus compañeros y subió al final de Don´t stop belivin y empezó su acto con 20 wave en compañía de Domo Wave. Sweatshirt conquistó con Molasses (incluyendo la línea de los barros) y Kill.


Alcancé a ver un cachito de la presentación de las Dum Dum Girls que si bien son menospreciadas por algunos críticos tienen una gran actitud y buenas canciones en su repertorio como Lord Knows y Rimbaud Eyes.


Con ayuda de la Green Line estaba llevando a buen puerto el domingo y gracias también a Wish Bone, un establecimiento de comida sureña que siempre tenía menos gente que los demás puestos, lo cual atribuyo a que tenían más gente atendiendo.


Se debía que tener vigor para Gangsta, Oxymoron, Gangsta, Hands on the Wheel y Druggys with Hoes, con las que ScHoolboy Q conquistó el Pitchfork Fest. También le fue muy bien a Jon Hopkins que puso a bailar a todo mundo frente al escenario azul que debido a que está en un rincón del Union Park se presta a un ambiente más cercano. Un par de tipos desmayaron durante el set así que fui al lugar de cervezas artesanales para hidratarme y tomar una Matilda. De paso leí algo a lo que llamaban conexiones. La gente tomaba una hoja de colores y ponía deseos/intenciones/aspiraciones con ayuda de máquinas de escribir que probablemente combinaran con las de alguien más.


Pasé también por el fuerte de los libros y compré obras de Rey Andújar y Marco Antonio Escalante en una mesa de autores latinoamericanos que atendían un mexicano y un estadounidense que hablaba español muy bien. A propósito de mexicanos, hay veces que tienen tomados Coachella o Lollapalooza y en este festival su proporción es más baja, vi por ahí un jersey de la selección y uno de los rayados, así que debí llevar uno del Atlas. Sobre las ferias de posters, discos, ropa, etcétera, parece que los tipos no se habían movido de sus puestos en los últimos tres años, hasta creí llevaban la misma ropa.


Si me tomé mucho tiempo lejos de los escenarios fue porque a Real Estate los vi una noche antes en Lincoln Park, de hecho unos tipos que estaban ahí me saludaron en la fila de cervezas, mientras que en el caso de Majical Cloudz tenía un boleto para el after en Schuba´s.


Tras dar la vuelta llegué al escenario donde empezaba Slowdive. ¿Qué sería de un festival musical sin una banda inglesa? Y si se trata de Pitchfork que mejor que una reunión de un grupo legendario que si bien no alcanzó el hype de Neutral Milk Hotel ha resultado muy relevante en el actual circuito veraniego.


Me gusta mucho When the sun hits, pero no tenía mucho bagaje del grupo británico. De todas formas, al escucharlos tuve la misma impresión que con Neutral Milk Hotel: suenan muy actuales. Las asociaciones que los críticos usualmente hacen con The Cure y Siouxie and The Banshees, no parecen tan naturales, aunque entraron y salieron con canciones de Bryan Eno, además de que tocaron un cover de Syd Barret (Golden hair). Había mucha gente disfrutando de los ingleses y su música era ideal para el deslumbrante sol que caía sobre Chicago en lo que parecía el preludio para el cierre del festival.


Antes de pensar en eso me acerqué a ver a Grimes, cuyo disco Visions me gusta mucho. Claire Boucher estaba prendidísima y su público se lo agradecía, sin embargo, yo pensaba que me hubiese agradado más verla en un lugar más pequeño y no porque considerara que el escenario rojo del Pitchfork Fest le quedara grande. Creo que merecía estar ahí y le fue muy bien al grado de que su presentación fue ubicada entre las mejores del festival, pero sentía la música un poco lejana, no sé si me agrada mucho más en los audífonos.


Paradójicamente me gustó mucho el set de Hudson Mohawke por la razón contraria de que sentí lejana a Grimes. Me explico: sentía lejanas algunas canciones en medio de mucha gente, mientras que las mezclas de Mohawke que seguro escucharía con menos gusto en mi ipod, me incluyeron en una fiesta muy agradable de baile y mashups, donde la gente estaba de muy buen humor.


En ese momento reflexioné que me administré en ese último día aprovechando mi agenda de afters, pero la verdad que el Día Tres era muy ecléctico, muy bueno con tendencias y ritmos distintos, Speedy Ortiz, DIIV, Deaf Heaven, Perfect Pussy, Dum Dum Girls por un lado; Jon Hopkins, Majical Clouds, Grimes y Hudson Moahawke, por el otro; en emedio Mutual Benefit y Real Estate; sin olvidar a Slowdive; y en el extremo final Isiah Rashad, Earl Sweatshirt, ScHoolboy Q, DJ Spinn y Kendrick Lamar.
El rapero de Compton, California, era el encargado de cerrar el festival y me llamó la atención que en un día con tanta gente, mucha decidiera no quedarse hasta el final, creo que el año pasado había un número mucho mayor para R Kelly.


La verdad no estuvo nada mal la actuación de Kendrick Lamar, creo que tenía un súper grupo de apoyo que le daba una potencia desde un ángulo distinto al que esperaba inicialmente. Otro soporte eran las imágenes que se proyectaban detrás suyo y que le daban un contexto social a su rapeo. No vaciló en tocar el tema de la violencia en Chicago y él mismo dijo el South Side era su segunda casa, el origen de su familia con muchos tíos aún viviendo en esa parte de la metrópoli.


Pero sobre todo estaba su hiphop. Lamar parece tener una gran experiencia y conocimiento adquirido gracias a sus colaboraciones con Drake, Dr Dre, Kanye West, Busta Rhymes o Lil Wayne, además de su cercanía con ScHoolboy Q y Jay Rock. Sin embargo, todo eso son anécdotas e información alrededor de alguien que logró una gran popularidad con sus discos Overly Dedicated, Section 80 y, más que nada, por Good Kid M.A.A.D. City.


Money Trees, m.A.A.d. City, Bitch don´t kill my vibes, Swimming Pools (Drank), Sing of me, Compton, A.D.H.D., fueron parte de una setlist muy sólida y el público se entregó a Kendrick cuando pidió que todos prendieran y levantaran sus celulares. Fue una imagen que marcó el final del Pitchfork Fest.






Festival Pitchfork - Día 2

Un tipo como de metro y medio revisaba a la gente como si la vida le fuera en encontrar drogas entre la ropa de los asistentes al Festival Pitchfork, incluso le pidió a dos personas que de plano se quitaran su calzado. Lo desprecié porque su trabajo era en vano ya que no encontró nada y me hizo perderme el arranque de Cloud Nothings.

Cuando vi los horarios del festival pensé que la banda de Dylan Baldi debía tocar un poco más tarde y el ambiente que generaron entre el público me lo vino a confirmar. Llevan dos álbumes muy buenos y el set fue una buena selección que incluyó de Stay Useless a I´m not Part of Me y que concluyó con mi favorita Wasted Days. El grupo de Cleveland marca una vez más el éxito de alguien que empezó tocando en un sótano usando su Garage Band y mantuvo su sencillo idealismo a través de la universidad. Ojalá su clímax continúe.

Tras gozar los más de ocho minutos de Wasted Days avancé de forma decidida a conseguir cerveza y evitar la sequía del día anterior. Supuse que acortaría el trámite en los puestos frente al Escenario Azul y así fue, todo musicalizado por Mas Ysa (nombre escénico de Thomas Arsenault que insiste en ser llamado maciza como los tacos de carnitas). Mas Ysa luce como un tipo fuerte y de gran confianza que no pasa desapercibido con su propuesta super híbrida.

Con una Green Line de Goose Island avancé hacia la zona de los escenarios principales donde Pusha T ocupaba el verde y en cuanto terminara sería el turno de tune-yards, un grupo que tiene muchos elementos que podrían provocarme rechazo, pero desde que los vi precisamente en un Pitchfork Fest me conquistaron.

Pusha T empezó muy tarde y había rumores de que ni siquiera aparecería, pero finalmente sí salió al escenario. La tardanza y la presión que debió imponerse por cubrir su set, misma que se tradujo en piezas recortadas hizo que su participación fuera desangelada, aunque nunca es desagradable escuchar algunos covers de Kanye West y uno de los hits de meses recientes como Move that dope.

En cuanto terminó Pusha T empezó a sonar la música del grupo de Merrill Garbus y, sobre todo, su voz y sus coros, además del entusiasmo del público que si no me equivoco conformaba una de las multitudes más grandes hasta ese momento, solo derrotada por Beck.

Comenzaron con Left Behind y venían con sus vistosos vestuarios y con la cara pintarrajeada, dispuestos a presumir la postura super indie de Garbus, pero nada de eso importa cuando la multiarmonía, las percusiones, las vocales y la confianza del grupo, conquistan a todo y a todos. Lo que suena complicado en sus discos se vuelve fácil en vivo y cuando llegaron Gangsta y Powa, todo mundo feliz. Era apenas la mitad del show que se facilitó aún más gracias al mejor clima de la historia en el Pitchfork Fest. El uso adecuado y muy en contexto del ukelele y la llegada de Bizness coronó la presentación que todavía tuvo como bonus Water Fountain.

Después de los tune-yards parecía elemental cambiar el tono y el sabor con el rappero de Detroit, Danny Brown, que tiene montado todo un show desde su arribo al escenario y de inmediato se pone a interactuar con la gente y trata de imponer un ambiente de fiesta con Break it (go), Smokin and Drinking, Bruiser Brigade y Kush Koma, claro que una fiesta llena de excesos, misma que dijo iba a seguir en un after de miedo.

De todas formas la que lucía mucho más peligrosa era St Vincent con su guitarra con la que de inmediato se lanzó a la conquista del festival y por momentos hacía algunos gestos como si tuviera la seguridad de que lo estaba haciendo y sin tener que llegar a esforzarse. Su presentación contaba con coreografía y eso acentuó distintos momentos en especial el tramo Cheerleader-Prince Johnny-Birth in reverse. Hay que decir entró al escenario dando pasitos con su vestimenta negra con un moño dorado y una trenza alrededor de la cabeza.

El show de St Vincent fue magnífico (uno de los mejores que me hizo pensar que el sábado había dos cerradores) y uno entiende por qué Annie Clark ha colaborado con David Byrne, Death Cab for Cutie, Andrew Byrd, The National, incluso con Kid Cudi y Arcade Fire. La razón: su gran talento.

Ya que salió a colación Arcade Fire, los cerradores del Día Dos tenían el buzz de ser la influencia en ese grupo, de Bon Iver, los Decemberists, Bright Eyes, Beirut y algunos más. La expectativa por ver a Neutral Milk Hotel y a Jeff Mangnum eran enormes y se maximizaron cuando las pantallas del escenario verde se apagaron con la idea de crear una atmósfera distinta de un grupo que rechaza estar bajo el reflector.

Empezaron con I will bury you in time y el público se encontró con un Magnum de una espesa barba que en cuestión de minutos cautivó a miles de personas y no solo porque era el reencuentro o el hallazgo con una legendaria banda que se desintegró en 1999, sino porque sus canciones tienen una potencia y un atractivo que mantien su vigencia en pleno 2014.

Al escucharlos parecen los Decemberists y al verlos se parecen a Arcade Fire en muchos aspectos. Pero no solo es eso, uno piensa en Mumford and Sons, Old Crow Medicine Show y hasta grupos de música cajun. Pero lo más importante es que tras esas conexiones, Mangnum, Scott Spillane, Jeremy Barnes, Julian Koster y algunos músicos de apoyo, imponen su mùsica sobre todo eso y reclaman su centralidad con total éxito.

Una gran experiencia.

Festival Pitchfork - Día 1

Oh my god!
Creo que en Estados Unidos Octavio Paz pudo hacer algo sobre esa frase, tal y como hizo con chingada.
No se me ocurría otra cosa al ver las filas primero para demostrar que tenías más de 21 años y luego, ya con tu bandita, para comprar boletos de cerveza.
Me rehusé a formarme y caminé al escenario verde para ver a Neneh Cherry que representaba una opción interesante, luego del disco Cherry Thing que cuenta con piezas buenísimas en compañía de The Thing.
La voz de Neneh Cherry es poderosa y destaca más allá de cualquier cosa en su grupo y ya se estaba despidiendo y preguntó si podía cantar una más, le dijeron que sí e interpretó Buffalo Stance -- ¡Buffalo Stance!
Después muy decidido fui por mi bandita y boletos, llaves de la cerveza, pero las cosas estaban peor, así que me dirigí mejor a ver a Sharon Van Etten -- ella dice Sharonvaneten.
Mi intención era llegar por un costado y acercarme, pero a diferencia de años anteriores una fea reja tapaba la visión. La pusieron para hacer un área especial para los voluntarios.
De todas formas llegué cerca del escenario y Van Etten es una chica que luce frágil a primera instancia, pero sólo es la primera impresión porque a pesar de ser linda parece que puede lastimar a cualquiera.
Su música y sus músicos son igual.
Canciones como Serpents, Afraid of Nothing, Your love is killing me y Everytime the Sun comes Up, pegaron y dejaron al público contento.
Casi inmediatamente hubo gritos y Sun Kil Moon ya estaba en el otro escenario checando el sonido... No estaba contento, regañó a alguien y le dijo a otra persona que no había hecho lo acordado.
No sé cómo decirlo, pero el arreglo fue darle profundidad a su voz.

- Ahí está mi papá, comentó una chica
- Si fuera más alto sería igualito, le dijo la otra.

Sun Kil Moon toco entre otras Hey you Bastards I'm still Here, Carissa, I can't live with my mother's love y de repente vio al público y dijo es increíble que no haya negros en este festival.
Después cuando alguien festejaba los primeros acordes dijo, "como vas a saber que de que canción se trata sólo con eso". Sus comentarios encantaban a la gente.
Después dijo daddy is tired para deleite de las chicas que llevaban medio repertorio diciendo que era papá de una de ellas.
Cuando pensé que ya estaba cansándome de qué pareciera solo como trovador, entraron canciones con otros arreglos que le dieron mucho punch.
Sun Kil Moon se paró y dijo, por fin alguien negro, me encanta estar con gente negra, me siento muy a gusto con ellos.
Canto de pie Caroline y By the Time I awoke y cuando le preguntó al mismo tipo que regañó en el sound check si podía interpretar una más le dijo terminantemente que no.
Estaba en medio de una multitud en un buen lugar para ver a Beck y eso en automático me dejaba sin comer y sin cerveza.
Durante la espera una chica llegó con una cerveza de Goose Island se la dio a un tipo y él dijo, "sabía que hacía muy bien cuando me casé contigo".
La gente medio bailaba con lo que ocurría en el otro escenario, donde estaba Giorgio Moroder que de forma difícil de explicar prendía con imágenes gráficas discotequeras totalmente vintage y programando a Dunna Summer, Irene Cara y otros. La memoria colectiva empezaba a llenar los huecos y las barreras de Moroder con la juventud. Le fue bien.
A quien le fue mejor fue a Beck.
Siete tipos en el escenario sonaban como no se había experimentado durante todo el día y a ello se sumaba que entre el público había verdaderos fanáticos con toda la parafernalia.
Fue una gran presentación que incluyó lágrimas de algunas fans. Loser fue la octava del set y entregó al público por completo. Quizá el único bajón fue la interpretación seguida de algunas canciones de su nuevo disco. Durante Sexx Laws, justo en el encore, Beck puso una banda de esa de las escenas del crimen que animó más a la gente, después tocó Where it's at y fue el paroxismo,
Rodeado como en una operación de guardaespaldas y después de 20 canciones, salió Beck rodeado de sus músicos. Gran imagen, ya muy coreografiada.

Aunque tenía la sensación que el Día Uno del año anterior me gustó más, en este 2014 no me dio tiempo ni de ir por chela.

lunes, junio 23, 2014

Thomas Merton 2.0

Nathan Willett y Matt Maust (Cold War Kids) adaptando versos de Thomas Merton en su grupo alternativo French Style Furs.

martes, mayo 13, 2014

Video que no pasa desapercibido

Para el video de la canción Chandelier de Sia (que parece el himno para muchas mujeres reventadas), se eligió una coreografía de Ryan Heffington y a una estupenda bailarina de 11 años de edad, Maddie Ziegler. La canción y el video son catalogados como mindblowing, pero el contraste entre la letra y la niña y su atuendo, llamó ya la atención de la algunos críticos.

lunes, mayo 12, 2014

"Win mode"

Fue como recibir un impacto de Kam Chancellor y quedar pasmado durante varias. Así sentí que fue el Super Bowl en el que los Broncos fueron vapuleados de forma inmisericorde por los Halcones Marinos de Seattle. En medio de la decepción no quería volverme a hacer ilusiones con el equipo y me debatí si la siguiente temporada la seguiría de forma tan ávida como las anteriores.

Pensé que no lo haría, sin embargo, pronto estaba leyendo los rumores alrededor de los Broncos, en especial estaba interesado por saber si Champ Bailey, muchos años cara de la franquicia, continuaría en Denver.

Su salida era inevitable, pero esperaba algún tipo de milagro. Incluso pensé que podía ser la gota que derramara el vaso y me sientiera aún más infamado. Obviamente nunca cambiaría de equipo, pero podía haber algún tipo de distanciamiento como cuando el infame Josh McDaniels era el head coach.

Pero la estrategia de los Broncos, yo creo que de John Elway, y sus allegados, fue impresionante. No solo para reforzar el equipo, sino para tratar de reenamorar a la base de fanáticos que seguramente sesentían tan golpeados como yo.

Las sonadas contrataciones de Aquib Talib, Demarcus Ware, Emmanuel Sanders y TJ Ward, resultaron espectaculares y el consenso fue que se trataba de grandes movimientos que 1)mejoraban al equipo, 2) mostraban agresividad y 3) eran ad-hoc a la realidad del mercado de la NFL. Incluso aunque lamentables, no fueron tan trágicas las salidas de jugadores clave como Erik Decker, Knowshon Moreno, Wesley Woodyard, Zane Beadles, Mike Adams y el mismísimo Champ Bailey.

Sospecho que los movimientos sirven más para ilusionar que para mejorar el equipo.Es decir, creo que el equipo será mejor, pero sirven más para motivar a los golpeados fanáticos.

Vino el draft y los Broncos no apostaron por grandes nombres porque quieren ganareste año, pero también ser muy competitivos los siguientes, de ahí que con una posición modesta consiguieron a jugadores importantes como Cody Latimer, Michael Schofield y Lamin Barrow, además de su primera selección, Bradley Roby.


Elway simplemente dijo que él siempre esta en el "win mode" y se lo creo. Pero no solo en la parte de tratar de ganar cada partido y cada año, sino porque quiere ganar el aspecto de los directivos de la NFL y con la base fans. Que tenga todas esas aristas es de agradecer.

martes, mayo 06, 2014

So now you know/Turn away

El sonido empieza a fluir de manera casi inperceptible, ni molesta ni gusta, y aunque con el paso de los segundos va subiendo de intensidad, tarda en tomar forma. Hasta que pasa un minuto, empiezo a distinguir las tesitiuras y que delante hay un camino, no solo dispersión. Es entonces cuando entra la voz de Faris Fardwan, mezclándose con sintetizadores y bajo.

Parece que es algo conocido, familiar, pero al mismo tiempo, nuevo.

La letra es interesante y entonces viene el coro, la repetición de So now you know/Turn away.

Se vuelve cantable, pegajosa y gana mucha personalidad, sin quitarse la historia propia de los Horrors y el legado de otras bandas contemporáneas y predecesoras.

La música, la letra, la intención se juntan y avanzan juntas sin detrimento de alguna de ellas para conformar un gran y pegajoso sencillo.






martes, marzo 25, 2014

Con The Orwells viene a la memoria el inicio de los Strokes

Anoche estaba escuchando un poco de música nueva, al menos para mí, porque el bombardeo es intenso y hasta lo de Black Keys y Damon Albarn para esa hora quizá ya era viejo. Entre las cosas a las que le di play desde mi cama con la mirada a veces desaprobatoria de mi perro y mi gata, encontré a The Orwells. Sus discos anteriores no me parecían mal, aunque faltaba algo. Pero el nuevo, cuenta con ese ingrediente de emoción y debe ser porque cuenta con la producción de David Sitek de TV on the Radio. La muestra es Let it burn:

miércoles, marzo 12, 2014

Una historia obtenida detrás de una noticia enorme

Un triple asesinato en Waltham, un suburbio de Boston, cuenta con una posible conexión con la muerte de un joven durante un supuesto interrogatorio del FBI y como si faltara algo, el fallecido entrenaba en el mismo gimnasio que Tamerlan Tsarnaev, coresponsable del ataque en el maratón, y tenía una amistad muy cercana con él. Todos esos elementos son conjuntados en un trabajo periodístico de Susan Salkind que fue publicado en la Boston Magazine bajo el título de The Murders before the Marathon y luego generó un capítulo en This American Life.


lunes, febrero 17, 2014

Everyday Robots

El título del próximo disco de Damon Albarn por un lado crea una resistencia interna a que uno sea en verdad un everydayrobot, pero por el otro quizá alguien note que es uno de ellos.



El video tenía ya algunos días, pero ahora surgió el de un pequeño recital acústico en Park City.

miércoles, febrero 12, 2014

Ryu


Es muy curioso que al leer Azul casi transparente de Ryu Murakami varias personas tomaban el ejemplar con sorpresa. Lo analizaban. Veían atentamente el título y el nombre del autor japonés hasta que surgía la pregunta: ¿Es el mismo Murakami? Yo solo respondía, "No es Haruki, es Ryu".
Más allá de esa anécdota, se trata de una novela que fluye y deleita desde el arranque. Refleja el estilo de vida de un grupo de amigos. Son jóvenes. Cómplices. Confidentes. Amantes. Enemigos. Ryu, Lilly, Reiko, Okinawa, Yoshiyama, Kei, Kazuo y Moko. Viven entre días de excesos, mucha música y una dotación de drogas. Sí, piensen en Trainspotting, La naranja mecánica, en la generación post-beat. Ryu Murakami es un Kerouac que traza su propio y nuevo camino.

Se trata de un vistazo al Japón de los años setenta, pero es al mismo tiempo el repaso a una etapa en la que se perciben primeros síntomas de madurez y claridad de pensamiento, porque la juventud no sólo tiene que ver con impulsos, arrebato y desafíos de todo tipo. En las páginas de Azul casi transparente, hay determinación y decisiones por duras que estas sean. Hay sobre todo una narrativa cautivante en cada una de sus páginas, que nos va adentrando hacia el espiral de la novela:

"Sobre el tejado había espesos nubarrones, parecía como si alguien hubiese estado aplicando capas y más capas de pigmento gris. El cielo en el estrecho rectángulo para mí visible era la parte más brillante."

En la voz de Ryu conocemos avatares y desventuras. Ideales y tropezones. Pasiones y entusiasmos. Crudezas y desesperaciones. Ryu nos adentra a descubrimientos, aficiones y tensiones:

"Enterré mi rostro en la almohada… A intermitencias, un fuerte dolor me apretaba el corazón, parecía como si lo estrangulara. Las venas de mis sienes retumbaban. Cuando cerraba los ojos, sentía pánico, como si cayese a una velocidad terrible por un tobogán interminable."

Y ese no es el mejor párrafo, pero ilustra con precisión el peso de las palabras en esta primera novela.

Además, es un recordatorio sobre la amistad, acerca de su entramado constante, de su vínculo y valor. Es un gran acercamiento a la obra de por así decirlo, el otro Murakami, menos conocido, y quizá hasta injustamente eclipsado por el reconocimiento universal que despierta Haruki con sólo mencionar su nombre.