miércoles, diciembre 10, 2014

Ironías cotidianas

Regresé a casa alrededor de las 11 y media de la noche y mientras escuchaba un capítulo de Chicago Fire preparé mi maleta para irme al gimnasio a las 5:45.

Cumplí con mi propósito que tenía como fondo irme despues a la ultima clase del año con el maestro Ignacio Durán en Tv Azteca.

Después de una rutina modesta por el poco tiempo disponible, salí del gimnasio rumbo al Pedregal. Tomé el eje 6 sur, en su versión reversible matinal y todo iba bien hasta que di vuelta y tome el eje 5.

Fueron tortuosos minutos que se alargaban de forma terrible. Las canciones se iban sumando y los metros de avance eran nimios. Un letrero decía que estaba a un cuarto de kilómetro de Insurgentes. Fue un eterno cuarto de kilómetro en el que ante mis ojos veía automovilistas que ansiosos trataban de pasar de la izquierda a la derecha para tomar Insurgentes. Mientras otros conductores hacían lo contrario para escapar del congestionamiento de Av Colonia del Valle -- sí avenida y colonia.

Era una especie de trenza cuyos protagonistas debían quedar inhabilitados para criticar o insultar al Chicharito Hernández, Aurelio Nuño, su jefe, a su compañero de trabajo menos hábil o quién fuese.

Pensé que después de cruzar Insurgentes terminaría el martirio, pero no. El avance era lentísimo y el gandallismo de quienes trataban de meterse para subir al segundo piso del periférico antes de quienes llevábamos minutos en fila, complicaba las cosas. Todo ante la mirada desdeñosa de un agente de tránsito que no hacía nada y que bien podía tomar su motito y avanzar hasta donde había un par de autos detenidos y que bloqueaban un carril ya casi en la incorporación al segundo piso.

Después de eso el atasque terminaba y cuando tomé en tramo de paga pensé que era una tontería gastar en ello, lo cual confirmé al llegar al estacionamiento llamado Peritrece, donde tardé 10 minutos en entrar.

Bajé del auto y como era ya demasiado tarde como para ir a la clase, me fui a desayunar a un iHop, donde comí un pancake que me hizo de seguro recuperar las calorías eliminadas en el gimnasio.

jueves, noviembre 20, 2014

National Book Award Winners for 2014


nationalbookawardPhil Klay has won the Fiction award for his book Redeployment from The Penguin Press/Penguin Group (USA).

Evan Osnos has won the Nonfiction award for Age of Ambition: Chasing Fortune, Truth, and Faith in the New China from Farrar, Straus and Giroux.

Louise Gluck won the Poetry award for Faithful and Virtuous Night from Farrar, Strauss and Giroux.

The Young People’s Literature award went to Jacqueline Woodson for Brown Girl Dreaming from Roaring Brook Press/Macmillan.

martes, noviembre 18, 2014

viernes, noviembre 14, 2014

Champ Bailey se retira como Bronco

Los Broncos hicieron un arriesgado cambio con los Redskins y adquirieron al esquinero Champ Bailey, cediendo a Clinton Portis.

El resultado fue la llegada quizá del mejor jugador entre John Elway y Peyton Manning. 

Un día un disco III

Paul's Boutique - Beastie Boys (1989)

martes, noviembre 11, 2014

viernes, noviembre 07, 2014

Un relato de terror

Testimonios de 43 probables asesinatos por parte de sujetos que deberían carecer de cualquier crédito debido a su supuesta filiación criminal o porque ante la presión de la "mayor investigación criminal de la que se tenga memoria" pudieron decir justo lo que deseaban o esperaban quienes los interrogaban.

Pero si son verdad se trata de un A Sangre Fría en 2014 en un país corroído por la impunidad, la falta de valores y la complicidad de gobernantes que actúan como criminales alientan a sus socios a cometer los peores de los crímenes incluso con engaños.



domingo, octubre 12, 2014

Gran foto previa al Broncos- Jets

Cargando
Focus. #DENvsNYJ #Broncos

martes, agosto 05, 2014

El otro playlist de Arcade Fire

Arcade Fire sorprendió por su error geográfico cuando en Kansas City interpretó una canción de Kansas. Pero fuera de ese sobresalto, el que Arcade Fire incluya piezas alusivas a las ciudades o estados en los que tocaba (o artistas del lugar) fue un elemento muy bien recibido en los conciertos de su maratónico tour. En México, Chile y España, incluso hicieron un número con éxito al ritmo de Mikel Erentxun. Con todas esas canciones y las que vienen se podría crear otro playlist de Arcade Fire, aunque quizá la calidad es dispareja.



















martes, julio 29, 2014

Fading Gigolo

Eran alrededor de las cuatro de la mañana el domingo pasado y me encontraba de guardia en la redacción, prestando atención a un choque en la autopista México-Puebla y las fallidas negociaciones para un cese al fuego temporal entre Israel y Hamas. Fuera de eso, un turno tranquilo, muy tranquilo. Entonces se me ocurrió buscar una película para ir a ver por la tarde, luego de unas cuatro horas de sueño.Me llamó la atención Fading Gigolo y me animé a comprarme un par de boletos.



Lo primero que agradecí de la película de John Turturro vino a romper el ritmo, por lo menos el mio, pero sentí que también de otras producciones de cine o televisión. Con una acentuada atmósfera neoyorkina y con la lupa en un barrio judío de Brooklyn, se desarrolla la historia del male-prostitute regentado por un Woody Allen que parece actuar de un Woody Allen alejado de reflectores y escándalos.

Se trata de una comedia aparentemente ligera que se junta con preocupaciones actuales y válidas.

domingo, julio 27, 2014

Los Broncos pierden a Pat Bowlen

Pat Bowlen corrió desde la banda que correspondía a sus Broncos de Denver sobre la línea de la yarda 50 y justo en medio del campo se encontró con el dueño de los Halcones de Atlanta, Arthur Blank con quien intercambió saludos y seguramente buenos deseos. El pequeño acto parecía lo de menos entre los protocolos de un esperado duelo de Lunes por la Noche en la primera temporada de Peyton Manning con los Broncos.


Tenía un buen lugar en el Georgia Dome y me fijé bien en Bowlen, lo que me llevó a recapacitar sobre los muchos años que ya tenía al frente del equipo, luego de que se lo comprase a Edgar Kaiser Jr, en una operación entre magnates canadienses. El tiempo no pasaba en vano y creí que la llegada de John Elway a la dirección de personal y la contratación de Manning mostraban su deseo por ganar rápido y no esperar un largo proceso de reconstrucción.


Pensé que si bien ese podría ser un motor en sus acciones, realmente Bowlen había tomado decisiones para que los Broncos estuvieran en el candelero todo el tiempo. Me sentí contento por ello porque prácticamente todas las temporadas, el equipo que apoyo desde niño ha peleado por ganar, nada de largos años en el limbo y glorias pasajeras. Se trata de una franquicia muy consistente.


Saco todo esto a colación porque durante la semana pasada, Pat Bowlen anunció que cedía todas sus funciones a Joe Ellis, en la parte del equipo, y a quien esté a la cabeza del Pat Bowlen Trust, por lo que hace al fondo que controla a los Broncos de Denver y que podría conducir a que alguno de sus hijos se convierta en el próximo dueño o bien a su venta.


Bowlen se aleja porque padece el terrible mal de Alzheimer.


John Elway casi llora al decir que las cosas no volverán a ser igual en los Broncos de Denver.


Durante los 30 años como propietario del equipo Mr B ganó 300 partidos de temporada regular, es decir un promedio de 10 victorias por año, algo que nadie ha hecho en ese espacio de tiempo. Los Broncos ganaron en esos años seis veces el campeonato de la Conferencia Americana, dos veces el Súper Tazón y, por contra, solo padecieron cinco temporadas con marca perdedora.


Sus errores: Josh McDaniels, Wade Phillips y sus abrigos de piel que levantaban ámpula, pero tan rápido como se dio cuenta de las fallas, las corrigió.


Joe Ellis dijo que todo el personal de los Broncos de Denver tiene el compromiso de continuar con el alto estándar que les puso Bowlen y que tratarán de cumplir con el ánimo de que siempre se trabaja para ganar.

Suponiendo que así sea y ojalá se mantenga la tradición, de todas formas, como dijo John Elway, nada sera igual.

jueves, julio 24, 2014

Festival Pitchfork - Día 3

Un tipo corrió con potencia y mostró gran pericia para subir una cerca en dos pasos, pisar el techo de uno de los baños portátiles colocados en el Union Park para el Pitchfork Fest y colarse al evento. De inmediato, un tipo de seguridad tuvo que colocarse junto con quienes hacíamos fila para entrar y jalar a quienes querían repetir la faena. Era un juego del gato y el ratón, estaban frente a frente y si alguien se movía todos corrían. Algunos fueron bajados de la reja con certeros jalones, otros cruzaron, pero eran sacados por la puerta principal. A uno lo persiguieron en su tercer intento y cuando lo alcanzaron, arrojó su mochila como si fuera balón de futbol americano a otro tipo para que no se la decomisaran.


Mientras ello ocurría yo pensaba que pronto el Pitchfork Fest debería modernizarse y tener accesos con sensores tipo Lollapalooza que agilicen la entrada del público y más gente revisando mochilas. Al igual que el sábado, el tipo de metro y medio estaba ahí fisgoneando sin encontrar nada, todo para que en el concierto mucha gente tuviera su droga y su parafernalia.


Como vi a Deafheaven y Perfect Pussy en un after el viernes anterior en el Bottom Lounge, aproveché para llegar un poco más tarde y guardar energía para un día que parecía un poco más caluroso que los anteriores, además estaba ya el desgaste de tres días de caminar y caminar en Chicago.


Cuando llegué estaba Earl Sweatshirt, otra arista del Odd Future de Tyler the Creator y Frank Ocean, de hecho su DJ preparó su entrada al escenario con tonadas de sus compañeros y subió al final de Don´t stop belivin y empezó su acto con 20 wave en compañía de Domo Wave. Sweatshirt conquistó con Molasses (incluyendo la línea de los barros) y Kill.


Alcancé a ver un cachito de la presentación de las Dum Dum Girls que si bien son menospreciadas por algunos críticos tienen una gran actitud y buenas canciones en su repertorio como Lord Knows y Rimbaud Eyes.


Con ayuda de la Green Line estaba llevando a buen puerto el domingo y gracias también a Wish Bone, un establecimiento de comida sureña que siempre tenía menos gente que los demás puestos, lo cual atribuyo a que tenían más gente atendiendo.


Se debía que tener vigor para Gangsta, Oxymoron, Gangsta, Hands on the Wheel y Druggys with Hoes, con las que ScHoolboy Q conquistó el Pitchfork Fest. También le fue muy bien a Jon Hopkins que puso a bailar a todo mundo frente al escenario azul que debido a que está en un rincón del Union Park se presta a un ambiente más cercano. Un par de tipos desmayaron durante el set así que fui al lugar de cervezas artesanales para hidratarme y tomar una Matilda. De paso leí algo a lo que llamaban conexiones. La gente tomaba una hoja de colores y ponía deseos/intenciones/aspiraciones con ayuda de máquinas de escribir que probablemente combinaran con las de alguien más.


Pasé también por el fuerte de los libros y compré obras de Rey Andújar y Marco Antonio Escalante en una mesa de autores latinoamericanos que atendían un mexicano y un estadounidense que hablaba español muy bien. A propósito de mexicanos, hay veces que tienen tomados Coachella o Lollapalooza y en este festival su proporción es más baja, vi por ahí un jersey de la selección y uno de los rayados, así que debí llevar uno del Atlas. Sobre las ferias de posters, discos, ropa, etcétera, parece que los tipos no se habían movido de sus puestos en los últimos tres años, hasta creí llevaban la misma ropa.


Si me tomé mucho tiempo lejos de los escenarios fue porque a Real Estate los vi una noche antes en Lincoln Park, de hecho unos tipos que estaban ahí me saludaron en la fila de cervezas, mientras que en el caso de Majical Cloudz tenía un boleto para el after en Schuba´s.


Tras dar la vuelta llegué al escenario donde empezaba Slowdive. ¿Qué sería de un festival musical sin una banda inglesa? Y si se trata de Pitchfork que mejor que una reunión de un grupo legendario que si bien no alcanzó el hype de Neutral Milk Hotel ha resultado muy relevante en el actual circuito veraniego.


Me gusta mucho When the sun hits, pero no tenía mucho bagaje del grupo británico. De todas formas, al escucharlos tuve la misma impresión que con Neutral Milk Hotel: suenan muy actuales. Las asociaciones que los críticos usualmente hacen con The Cure y Siouxie and The Banshees, no parecen tan naturales, aunque entraron y salieron con canciones de Bryan Eno, además de que tocaron un cover de Syd Barret (Golden hair). Había mucha gente disfrutando de los ingleses y su música era ideal para el deslumbrante sol que caía sobre Chicago en lo que parecía el preludio para el cierre del festival.


Antes de pensar en eso me acerqué a ver a Grimes, cuyo disco Visions me gusta mucho. Claire Boucher estaba prendidísima y su público se lo agradecía, sin embargo, yo pensaba que me hubiese agradado más verla en un lugar más pequeño y no porque considerara que el escenario rojo del Pitchfork Fest le quedara grande. Creo que merecía estar ahí y le fue muy bien al grado de que su presentación fue ubicada entre las mejores del festival, pero sentía la música un poco lejana, no sé si me agrada mucho más en los audífonos.


Paradójicamente me gustó mucho el set de Hudson Mohawke por la razón contraria de que sentí lejana a Grimes. Me explico: sentía lejanas algunas canciones en medio de mucha gente, mientras que las mezclas de Mohawke que seguro escucharía con menos gusto en mi ipod, me incluyeron en una fiesta muy agradable de baile y mashups, donde la gente estaba de muy buen humor.


En ese momento reflexioné que me administré en ese último día aprovechando mi agenda de afters, pero la verdad que el Día Tres era muy ecléctico, muy bueno con tendencias y ritmos distintos, Speedy Ortiz, DIIV, Deaf Heaven, Perfect Pussy, Dum Dum Girls por un lado; Jon Hopkins, Majical Clouds, Grimes y Hudson Moahawke, por el otro; en emedio Mutual Benefit y Real Estate; sin olvidar a Slowdive; y en el extremo final Isiah Rashad, Earl Sweatshirt, ScHoolboy Q, DJ Spinn y Kendrick Lamar.
El rapero de Compton, California, era el encargado de cerrar el festival y me llamó la atención que en un día con tanta gente, mucha decidiera no quedarse hasta el final, creo que el año pasado había un número mucho mayor para R Kelly.


La verdad no estuvo nada mal la actuación de Kendrick Lamar, creo que tenía un súper grupo de apoyo que le daba una potencia desde un ángulo distinto al que esperaba inicialmente. Otro soporte eran las imágenes que se proyectaban detrás suyo y que le daban un contexto social a su rapeo. No vaciló en tocar el tema de la violencia en Chicago y él mismo dijo el South Side era su segunda casa, el origen de su familia con muchos tíos aún viviendo en esa parte de la metrópoli.


Pero sobre todo estaba su hiphop. Lamar parece tener una gran experiencia y conocimiento adquirido gracias a sus colaboraciones con Drake, Dr Dre, Kanye West, Busta Rhymes o Lil Wayne, además de su cercanía con ScHoolboy Q y Jay Rock. Sin embargo, todo eso son anécdotas e información alrededor de alguien que logró una gran popularidad con sus discos Overly Dedicated, Section 80 y, más que nada, por Good Kid M.A.A.D. City.


Money Trees, m.A.A.d. City, Bitch don´t kill my vibes, Swimming Pools (Drank), Sing of me, Compton, A.D.H.D., fueron parte de una setlist muy sólida y el público se entregó a Kendrick cuando pidió que todos prendieran y levantaran sus celulares. Fue una imagen que marcó el final del Pitchfork Fest.






Festival Pitchfork - Día 2

Un tipo como de metro y medio revisaba a la gente como si la vida le fuera en encontrar drogas entre la ropa de los asistentes al Festival Pitchfork, incluso le pidió a dos personas que de plano se quitaran su calzado. Lo desprecié porque su trabajo era en vano ya que no encontró nada y me hizo perderme el arranque de Cloud Nothings.

Cuando vi los horarios del festival pensé que la banda de Dylan Baldi debía tocar un poco más tarde y el ambiente que generaron entre el público me lo vino a confirmar. Llevan dos álbumes muy buenos y el set fue una buena selección que incluyó de Stay Useless a I´m not Part of Me y que concluyó con mi favorita Wasted Days. El grupo de Cleveland marca una vez más el éxito de alguien que empezó tocando en un sótano usando su Garage Band y mantuvo su sencillo idealismo a través de la universidad. Ojalá su clímax continúe.

Tras gozar los más de ocho minutos de Wasted Days avancé de forma decidida a conseguir cerveza y evitar la sequía del día anterior. Supuse que acortaría el trámite en los puestos frente al Escenario Azul y así fue, todo musicalizado por Mas Ysa (nombre escénico de Thomas Arsenault que insiste en ser llamado maciza como los tacos de carnitas). Mas Ysa luce como un tipo fuerte y de gran confianza que no pasa desapercibido con su propuesta super híbrida.

Con una Green Line de Goose Island avancé hacia la zona de los escenarios principales donde Pusha T ocupaba el verde y en cuanto terminara sería el turno de tune-yards, un grupo que tiene muchos elementos que podrían provocarme rechazo, pero desde que los vi precisamente en un Pitchfork Fest me conquistaron.

Pusha T empezó muy tarde y había rumores de que ni siquiera aparecería, pero finalmente sí salió al escenario. La tardanza y la presión que debió imponerse por cubrir su set, misma que se tradujo en piezas recortadas hizo que su participación fuera desangelada, aunque nunca es desagradable escuchar algunos covers de Kanye West y uno de los hits de meses recientes como Move that dope.

En cuanto terminó Pusha T empezó a sonar la música del grupo de Merrill Garbus y, sobre todo, su voz y sus coros, además del entusiasmo del público que si no me equivoco conformaba una de las multitudes más grandes hasta ese momento, solo derrotada por Beck.

Comenzaron con Left Behind y venían con sus vistosos vestuarios y con la cara pintarrajeada, dispuestos a presumir la postura super indie de Garbus, pero nada de eso importa cuando la multiarmonía, las percusiones, las vocales y la confianza del grupo, conquistan a todo y a todos. Lo que suena complicado en sus discos se vuelve fácil en vivo y cuando llegaron Gangsta y Powa, todo mundo feliz. Era apenas la mitad del show que se facilitó aún más gracias al mejor clima de la historia en el Pitchfork Fest. El uso adecuado y muy en contexto del ukelele y la llegada de Bizness coronó la presentación que todavía tuvo como bonus Water Fountain.

Después de los tune-yards parecía elemental cambiar el tono y el sabor con el rappero de Detroit, Danny Brown, que tiene montado todo un show desde su arribo al escenario y de inmediato se pone a interactuar con la gente y trata de imponer un ambiente de fiesta con Break it (go), Smokin and Drinking, Bruiser Brigade y Kush Koma, claro que una fiesta llena de excesos, misma que dijo iba a seguir en un after de miedo.

De todas formas la que lucía mucho más peligrosa era St Vincent con su guitarra con la que de inmediato se lanzó a la conquista del festival y por momentos hacía algunos gestos como si tuviera la seguridad de que lo estaba haciendo y sin tener que llegar a esforzarse. Su presentación contaba con coreografía y eso acentuó distintos momentos en especial el tramo Cheerleader-Prince Johnny-Birth in reverse. Hay que decir entró al escenario dando pasitos con su vestimenta negra con un moño dorado y una trenza alrededor de la cabeza.

El show de St Vincent fue magnífico (uno de los mejores que me hizo pensar que el sábado había dos cerradores) y uno entiende por qué Annie Clark ha colaborado con David Byrne, Death Cab for Cutie, Andrew Byrd, The National, incluso con Kid Cudi y Arcade Fire. La razón: su gran talento.

Ya que salió a colación Arcade Fire, los cerradores del Día Dos tenían el buzz de ser la influencia en ese grupo, de Bon Iver, los Decemberists, Bright Eyes, Beirut y algunos más. La expectativa por ver a Neutral Milk Hotel y a Jeff Mangnum eran enormes y se maximizaron cuando las pantallas del escenario verde se apagaron con la idea de crear una atmósfera distinta de un grupo que rechaza estar bajo el reflector.

Empezaron con I will bury you in time y el público se encontró con un Magnum de una espesa barba que en cuestión de minutos cautivó a miles de personas y no solo porque era el reencuentro o el hallazgo con una legendaria banda que se desintegró en 1999, sino porque sus canciones tienen una potencia y un atractivo que mantien su vigencia en pleno 2014.

Al escucharlos parecen los Decemberists y al verlos se parecen a Arcade Fire en muchos aspectos. Pero no solo es eso, uno piensa en Mumford and Sons, Old Crow Medicine Show y hasta grupos de música cajun. Pero lo más importante es que tras esas conexiones, Mangnum, Scott Spillane, Jeremy Barnes, Julian Koster y algunos músicos de apoyo, imponen su mùsica sobre todo eso y reclaman su centralidad con total éxito.

Una gran experiencia.

Festival Pitchfork - Día 1

Oh my god!
Creo que en Estados Unidos Octavio Paz pudo hacer algo sobre esa frase, tal y como hizo con chingada.
No se me ocurría otra cosa al ver las filas primero para demostrar que tenías más de 21 años y luego, ya con tu bandita, para comprar boletos de cerveza.
Me rehusé a formarme y caminé al escenario verde para ver a Neneh Cherry que representaba una opción interesante, luego del disco Cherry Thing que cuenta con piezas buenísimas en compañía de The Thing.
La voz de Neneh Cherry es poderosa y destaca más allá de cualquier cosa en su grupo y ya se estaba despidiendo y preguntó si podía cantar una más, le dijeron que sí e interpretó Buffalo Stance -- ¡Buffalo Stance!
Después muy decidido fui por mi bandita y boletos, llaves de la cerveza, pero las cosas estaban peor, así que me dirigí mejor a ver a Sharon Van Etten -- ella dice Sharonvaneten.
Mi intención era llegar por un costado y acercarme, pero a diferencia de años anteriores una fea reja tapaba la visión. La pusieron para hacer un área especial para los voluntarios.
De todas formas llegué cerca del escenario y Van Etten es una chica que luce frágil a primera instancia, pero sólo es la primera impresión porque a pesar de ser linda parece que puede lastimar a cualquiera.
Su música y sus músicos son igual.
Canciones como Serpents, Afraid of Nothing, Your love is killing me y Everytime the Sun comes Up, pegaron y dejaron al público contento.
Casi inmediatamente hubo gritos y Sun Kil Moon ya estaba en el otro escenario checando el sonido... No estaba contento, regañó a alguien y le dijo a otra persona que no había hecho lo acordado.
No sé cómo decirlo, pero el arreglo fue darle profundidad a su voz.

- Ahí está mi papá, comentó una chica
- Si fuera más alto sería igualito, le dijo la otra.

Sun Kil Moon toco entre otras Hey you Bastards I'm still Here, Carissa, I can't live with my mother's love y de repente vio al público y dijo es increíble que no haya negros en este festival.
Después cuando alguien festejaba los primeros acordes dijo, "como vas a saber que de que canción se trata sólo con eso". Sus comentarios encantaban a la gente.
Después dijo daddy is tired para deleite de las chicas que llevaban medio repertorio diciendo que era papá de una de ellas.
Cuando pensé que ya estaba cansándome de qué pareciera solo como trovador, entraron canciones con otros arreglos que le dieron mucho punch.
Sun Kil Moon se paró y dijo, por fin alguien negro, me encanta estar con gente negra, me siento muy a gusto con ellos.
Canto de pie Caroline y By the Time I awoke y cuando le preguntó al mismo tipo que regañó en el sound check si podía interpretar una más le dijo terminantemente que no.
Estaba en medio de una multitud en un buen lugar para ver a Beck y eso en automático me dejaba sin comer y sin cerveza.
Durante la espera una chica llegó con una cerveza de Goose Island se la dio a un tipo y él dijo, "sabía que hacía muy bien cuando me casé contigo".
La gente medio bailaba con lo que ocurría en el otro escenario, donde estaba Giorgio Moroder que de forma difícil de explicar prendía con imágenes gráficas discotequeras totalmente vintage y programando a Dunna Summer, Irene Cara y otros. La memoria colectiva empezaba a llenar los huecos y las barreras de Moroder con la juventud. Le fue bien.
A quien le fue mejor fue a Beck.
Siete tipos en el escenario sonaban como no se había experimentado durante todo el día y a ello se sumaba que entre el público había verdaderos fanáticos con toda la parafernalia.
Fue una gran presentación que incluyó lágrimas de algunas fans. Loser fue la octava del set y entregó al público por completo. Quizá el único bajón fue la interpretación seguida de algunas canciones de su nuevo disco. Durante Sexx Laws, justo en el encore, Beck puso una banda de esa de las escenas del crimen que animó más a la gente, después tocó Where it's at y fue el paroxismo,
Rodeado como en una operación de guardaespaldas y después de 20 canciones, salió Beck rodeado de sus músicos. Gran imagen, ya muy coreografiada.

Aunque tenía la sensación que el Día Uno del año anterior me gustó más, en este 2014 no me dio tiempo ni de ir por chela.